Tribulaciones de compadre

Le juro compadre, yo nunca le pegué“, -dijo…, bueno omitamos nombre porque los hechos aún están frescos.

Cuando ella desapareció de la casa se tejieron un sin número de hipótesis y teorías. Los cargados al drama policial dijeron que la había matado, que el cuerpo lo tiró al río o la cortó en pedazos o la disolvió en ácido o la enterró en el bosque; algunos, influidos por seriales de televisión, dijeron que ella se fue con otro y que él estaba esperando su oportunidad para vengarse; los menos, con espíritu analítico, unieron cabos sueltos y trataron de buscar una explicación coherente. Lo que dejaba preocupados a todos era su manera callada de reaccionar.

La verdad demostró ser independiente de los prejuicios. Ella apareció al mes de haberse ido de la casa, justo dos días antes del cumpleaños de mi compadre. En la casa de acogida a mujeres golpeadas, lugar donde apareció, dijo que él la maltrata, cuestión que dejaba a mi compadre muy mal parado. A las dudas aclaradas se agregaban otras por aclarar, cada quien dio crédito a una u otra versión y mi compadre sin decir esta boca es mía.

Dos años había esperado él por ella, en ese lapso sufrió las peripecias del refugiado solitario hasta que una tarde de abril, hace ya ocho meses, ella, delgada y pálida, descendió del avión que la traía a una vida de ensueños. El, hombre ocupado en trabajar, no tenía tiempo para cultivar amistades, ella no salía casi de su departamento, no hablaba francés, la televisión no la entretenía. El estudiaba después del trabajo, casi no tenía amigos. Ella, una mañana de aburrimiento mayor del soportable, decidió estudiar y él pareció contento. En la escuela no faltó la amiga poco amiga de los hombres que le abrió los ojos y le habló de sus derechos, de que la mujer puede salir adelante sola, de que no sea tonta y de que esa no es vida.

El contó una tarde de tragos y confesiones que había tomado la determinación de venirse a este país porque allá, ella le recordó varias veces que era un don nadie, aquí tendría oportunidades, pensó.

Ella, ahora mujer separada, vive mejor, aprendió francés, trabaja bien, pero la soledad no se le termina.

Los heterónimos luminosos de Tito Alvarado

André Michalski
McGill University, Montreal

Tito Alvarado, La luz y la palabra – La lumière et la parole. Edición bilingüe, con traducción al francés por Ginette Gauthier. Montréal: Éditions d’Orphée, 1993. 95 + 94 págs.

Esta antología polifónica es, al mismo tiempo, una novela, en la que cada selección poética viene introducida por una sucinta biografía del autor respectivo. Estos autores son ocho hombres y cuatro mujeres, detenidos o secuestrados en el Chile de Pinochet y asesinados o “desaparecidos” . Como obra póstuma colectiva, los poemas de la antología cobran un valor de testamento, no de una persona, sino de toda la joven generación chilena sacrificada por la dictadura, y que también incluye a los exilados. Los imaginados autores de la antología son los portavoces de esa generación perdida. Son doce, como los apóstoles, en un evidente afán de subrayar la misión redentora del poemario.

Los poetas imaginados por Tito Alvarado hacen pensar en los heterónimos del gran poeta portugués de principios del siglo, Fernando Pessoa. Con una gran diferencia, sin embargo. Pessoa, para dar libre juego a tendencias obsesivamente contradictorias de su personalidad, además de la obra que escribe bajo su propio nombre, crea a tres heterónimos a quienes atribuye poemas y poemarios compuestos en otros estilos y con inspiración distinta. Así, en contraste con el intelectual y cosmopolita Pessoa, angustiado y enajenado del mundo y de sí mismo, su heterónimo Alberto Caeiro es un pastor, quien canta su vida en la sierra, en armonía con la naturaleza y su rebaño de ovejas.

En cambio, los doce poetas imaginados por Tito Alvarado se parecen mucho a su creador. Pertenecen a su generación y comparten sus mismas preocupaciones e ideales. La gran diferencia entre ellos y su creador radica en que, mientras que Tito Alvarado sigue viviendo en la emigración desde su salida a raíz del golpe de 1973, los heterónimos se quedaron en Chile, o regresaron poco después, transformándose en víctimas de la dictadura. A través de esas proyecciones de sí mismo, Alvarado logra vivir (y también morir), en forma vicaria, en el Chile de Pinochet. Además, el hablar por la boca de doce heterónimos distintos le permite al autor asumir cierta distancia y cierta objetividad con respecto a temas muy candentes y variar el tono de la poesía y el punto de vista de su mirada sobre Chile, viéndolo simultáneamente desde fuera y desde dentro.

Dada la horrenda realidad que inspiró a la obra, resulta sorprendente la ecuanimidad de ésta. Mientras las breves introducciones biográficas de los heterónimos contienen menciones de actos de violencia (sin entrar en los detalles), esa violencia es ausente de la poesía misma. Casi las únicas alusiones al régimen militar son unas breves semblanzas grotescas, como la que caracteriza al Chile militar como un “angosto reino de pacotilla y augusto césar general” (‘Trenes en la noche’, pág. 22).

La pasión que anima La luz y la palabra es la del regreso. El heterónimo Hugo de las Rosas expresa esta obsesión en una forma análoga a la del amor divino de los místicos españoles, mediante imágenes eróticas:

Quiero ir por tu cintura
en primavera,
que me vean aquellos campos floridos.
A contraluz,
bajaré a tu aurora secreta
para amar y poseerte alegre
patria entera.
(‘Quiero’, pág. 83)

Según su biografía, Hugo de las Rosas ve su deseo cumplido, en un desenlace violentamente irónico: “detenido en Buenos Aires en 1976, es trasladado a Chile, donde desaparece” (pág. 79).

De todos modos, el regreso al paraíso perdido es una imposibilidad, expresada en el siguiente poema de sólo dos versos, atribuido a Teresita Alcayaga: “Chile es otro / yo también” (‘Lo leí en la arena’, pág. 38).

Uno de los rasgos notables de la antología es su riqueza estilística, no sólo entre los diferentes heterónimos, sino también dentro de la obra de varios de ellos. Veamos, por ejemplo, la imagen polivalente del pan en “Regreso a la panadería de la esquina” (es el primero de los poemas atribuidos a Leandro Arratia, 1945-1981, págs. 49-50). El poema empieza como expresión de añoranza de la patria perdida, provocada por un obsesivo recuerdo olfativo:

Desde el sur me llaman
sus cartas con amor en la piel,
los deberes de la poesía en la calle
y el olor del pan,
fresco.
Ajeno.

Nótese cómo la imagen idílica del pan súbitamente es desgarrada y pisoteada por el puñetazo del adjetivo ajeno. Es que este pan apetitoso, fragante, es inasequible para los pobres, y los niños que lo huelen el pasar frente a la panadería, en vez de sentir placer, sufren suplicios de Tántalo:

Crujir de olores que agolpa
cuchillos en estómagos infantiles,
descuartiza auroras de un golpe de sable.
Pan de todos los días,
caliente.
Inalcanzable.

Chile es un país en que coexisten los hartos y los hambrientos. Este contraste lo expresa admirablemente la feliz imagen de la marraqueta, el pan típico de Chile, en forma de dos bollos gemelos, pegados longitudinalmente:

Chile es una marraqueta fantástica
a orillas de un mar hambriento.

Aquí, la marraqueta son los chilenos saciados, mientras que el “mar hambriento” representa a los millones de pobres, que pasan hambre. Al final, los dos últimos versos del poema forman un estribillo que nos deja entrever la creciente ira del pueblo:

Chile es una marraqueta crocante
al pie de una cordillera iracunda.

El pan será un símbolo de la lucha por la justicia:

No es de nostalgia
el pan que me alimenta.
Nuestro pan
es la lucha.

Pero es también el pan de la “compañía“, el de la comunión entre los hombres. Leandro Arratia, el autor de los “Poemas del regreso“, decide volver a Chile para continuar la lucha para poder “servir la mesa para todos“. El poema termina en una plegaria dirigida a ese pan que ahora simboliza un porvenir justo: “Pan de la esperanza/ no me faltes ahora.

Los dos versos iniciales de toda la antología, “amo los versos sencillos / y tu voz sin quebranto“, son una clara alusión a José Martí y sus Versos sencillos. Con ellos empieza el ‘Arte poética’ atribuida a Guillermo Antinao (págs. 13-17). En realidad es el manifiesto poético de Alvarado, en el que combina ideas de lucha , de belleza y de ternura, precisamente a la manera de José Martí en sus Versos sencillos. Me llaman la atención los versos “la poesía es un acto de combate, / pero cuidado con las piedras” (pág. 14), o también “pero el hombre esencialmente es ternura” (pág. 17). Fiel a los principios proclamados en esta ‘Arte poética’, toda la antología, a pesar de la dolorosa realidad de su inspiración, expresa ideas optimistas y brilla por sus imágenes luminosas y esperanzadas. En esta óptica, es típica el poema ‘Día con diamantes’ (nótese la aliteración en di), en que el diamante no sólo propicia imágenes de luz y brillo, sino que es también la piedra durísima, que “pule aceros, da brillo a la verdad” (pág. 21). La estrofa final del poema de cierto modo resume todo el libro. Habiendo recibido la revelación, del “sabio que todos llevamos dentro“, el poeta proclama su apostolado:

Desde entonces, ciego de amor,
llevo esperanza en la mirada,
trabajo para ver futuro.

El tema central de la antología es la contemplación de Chile, desde fuera y desde dentro, enfocando no al país, sino el acto mismo de mirar, repartido en dos intensas ojeadas, como dos haces luminosos. El haz lanzado desde fuera intenta detener el tiempo, proyectando la nostalgia de los exilados para quienes la juventud y la patria perdida se aúnan en una sola figura mítica, que se quedó atrás, mientras que el haz interior concentra la mirada hacia adelante de jóvenes chilenos que también sufren y que luchan, puestos los ojos en un futuro colectivo verdadero y justo, a la vez que hermoso.

La luz y la palabra es uno de los poemarios más bellos e intensos que he tenido el privilegio de leer, muy rico en formas poéticas, en ritmos, temas e imágenes, sólidamente estructurado y, en armonía con el título, diáfano en la claridad de sus mensajes. Es el quinto y, a mi juicio, el mejor, de los poemarios publicados hasta la fecha por Tito Alvarado.

Lamentablemente, la traducción al francés que acompaña el original es demasiado literal y antipoética. A veces, incluso parece que la traductora no entendió, a pesar de su total claridad, el sentido intelectual del texto que leía, trastrocándolo en su versión, hasta el punto de hacer ininteligibles para el lector francófono no pocos de los poemas. Peor aún, es el valor afectivo de las palabras que ha salido más malparado del inepto trasvase, cuyo resultado es un texto que repetidamente ofende la sensibilidad estética del lector en busca de poesía.

Las voces del Alba

Hugo Hazelton

Tito Alvarado, poeta y periodista chileno que vive en Montreal, acaba de publicar su sexto poemario, La luz y la palabra, en edición bilingüe español-francés de las Éditions d’Orphée. La obra alvaradesca abarca una temática variada, que incluye el amor (Amada-Amante, publicado por primera vez en Buenos Aires), el compromiso político y la nostalgia del exilio (Geografía heroica, Ausencias), el retrato de la realidad humana y socio-económica bajo la dictadura (el épico Poema de Santiago) y la crítica de la sociedad por vía de la sátira (Graffti), pero en que la lucha por una sociedad más justa es sin duda el tema principal. Últimamente el poeta también ha experimentado mucho con la forma: Poema de Santiago es la epopeya de una ciudad y un pueblo, mientras que Graffiti consta de una colección de máximas irónicas sobre la vida personal y la política, cada una ilustrada por un dibujo o signo y todo encuadernado por un solo tornillo.

No es para sorprenderse, entonces, que La luz y la palabra sea a la vez una experiencia atrevida en términos de la forma, y una profunda afirmación de la militancia política en cuanto al contenido. A primera vista el libro se presenta como una antología de doce poetas chilenos, poetas que habían estado involucrados en la lucha política en Chile (como protagonistas o víctimas o ambos), todos ya muertos o desaparecidos. Se supone que el antologista no solamente ha hecho la selección, sino que también la ha situado en el contexto de la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad mediante el prólogo y el epílogo que ha añadido. Pero resulta que estos doce poetas, que escribieron todos entre los veinte y los cuarenta años, también son creaciones, aunque no haya ningún indicio en el libro que lo indique. De este modo, nos encontramos en el terreno postmodernista en que el “antologista” no es nada menos que otra invención del autor, a la vez que los doce “poetas”.

Inventar doce voces poéticas diferentes -ocho hombres y cuatro mujeres- es ciertamente un desafío ambicioso. Sin embargo, Alvarado lo hace con mucho aplomo. Primero, todos los escritores tienen algo muy importante en común: luchaban por la justicia económica y social en Chile. No se conocían (por lo menos, no necesariamente) -juntarlos fue el papel del “antologista”- pero sí eran de la misma generación (nacidos en los años cuarenta o cincuenta, con una nacida en los sesenta) y sí se dedicaban -humilde y a veces anónimamente- al derrumbamiento del sistema capitalista-militar (aunque también puede ser que algunos que escribieron en prisión fueran encarcelados sin nunca haber participado en política). Esta unidad de intención ideológica y de edad fundamenta, por consecuente, una coherencia entre las voces que admite cierto grado de semejanza en cuanto a su vocabulario, su temática y su punto de vista. Otros experimentos de la misma índole en la literatura siempre han incluido un punto de convergencia entre los personajes: en la novela El ruido y la furia, de William Faulkner, los narradores son de la misma familia (aunque uno es mudo y minusválido mental: ¡eso sí fue un desafío!), y los cuatro narradores del Cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrel, son del mismo ámbito social y grupo de amigos (y sus voces se parecen demasiado).

Lo fuerte de la Luz y la palabra es que realmente se haya inventado toda una antología, y una muy buena. El idealismo de los jóvenes autores, su anhelo de un mundo justo e igualitario, su valor frente a una máquina de represión implacable, su disposición al sacrificio por el amor humano y su astuto sentido de que están quizás luchando por algo inalcanzable, contra la corriente entera de la historia, dejan al lector profundamente inspirado por su ejemplo y entristecido por su destino mortal. La mayoría nunca publicaron libros, y algunos no pudieron más que hacer circular sus poemas clandestinamente en forma fotocopiada -o incluso memorizados por sus compañeros- antes de morir solos y anónimos. En algunos poemas, se ve incluso un vocabulario cristiano -que recuerda a los primeros fieles de las catacumbas- con (por supuesto), un rechazo visceral al poderío de la Iglesia. Creen en la fuerza del amor humano, no en un dios personificado:

Dios mío, imploro de día y señales tuyas no tengo,
imploro de noche y oigo las lamentaciones
de mis hermanos como un eco.

Mi grito de angustia es un canto de alabanza
-María Ester Zuñiga

Los estilos de los poetas difieren bastante. Unos son líricos, sencillos, con rima y métrica casi regulares; otros prosaicos, con versos libres muy irregulares o con un léxico conversacional; algunos son minimalistas y juegan con la forma, hasta formar dibujos abstractos con su líneas, al modo de la poesía concreta; todos escriben por la fuerza de lo que sienten, con una frescura e inocencia directa, antípoda de la poesía académica. Pero, una vez más, el tono, tal como la temática, los unifica. Hay un fondo de resignación irónica frente a la posibilidad de la muerte, de una fe inquebrantable en su visión revolucionaria y una paciencia a la vez dulce y estoica en su cumplimiento. Para Pedro Merino, por ejemplo, el revolucionario es un arquetipo perenne que nace, muere y renace eternamente. Los versos militantes ceden a menudo a poemas más evocativos, sensuales, descriptivos, pero aún en los poemas de amor, hay un presentimiento de la separación y la muerte, y las referencias a la tierra chilena -sea el sur lluvioso o las playas desérticas del norte- aparecen más en los poemas de los exiliados. En efecto, varios autores se desterraron a otras partes del mundo -Argentina, Canadá, Suecia- que también describen en sus versos, para luego volver, forzosa o libremente, a morir en Chile (los ocho poemas del regreso de Leandro Arratia son el mejor ejemplo de este género). Cabe señalar, entre los versos de amor, la identificación mujer-patria de los poemas de Hugo de las Rosas, un símbolo frecuente de la poesía quebequense de Gaston Miron y otros poetas “de la tierra” de los años sesenta.

Por lo amplio de su visión y lo complejo de su estructura, hay que decir que La luz y la palabra es una de las obras más destacadas de la poesía latinoquebequense, una obra maestra, tal como Poema de Santiago, de la producción alvaradesca. Fallas hay, como se encuentran en libros de todo tipo: cada cuanto una imagen que suena a tópico del militantismo, unos gazapos tipográficos, unas frases mal traducidas en la versión francesa (que por lo general es bastante sólida), y esta molesta costumbre de las Éditions d’Orphée de hacer libros bilingües con la versión francesa al final y al revés, que obligan al lector a invertir el libro y buscar la página correspondiente para ver cómo ha salido la traducción al francés (¿no se la puede poner en la página opuesta en este sociedad de lectores cada vez más bilingües?). Pero esos problemas son ínfimos, y se desvanecen en seguida frente a la pericia estructural, al lirismo y a la intensidad de la fe revolucionaria y del amor humanista que emiten estas páginas. En estos días en que el progreso humano parece más y más acosado por las tinieblas, La luz y la palabra es una obra que levanta el espíritu humano de todos quienes quieran hacer un mundo futuro basado en la justicia y la igualdad.

Encuentro con el Hombre

Abelardo Flores Macall

Hemos terminado de leer el último libro de Tito Alvarado “El cuarto infinito” y como bien dice su dedicatoria “Con estas páginas les declaro mi amor a los hombres del sur: hombres y mujeres de aquí y de allá que hacen posible la locura de construir un sueño…” Por eso, en esta ocasión y con especial afecto, saludamos a un hombre de letras que honra a su tiempo y a su destino, al traducirlo en un rico testimonio de vuelo y sangre.

El es un escritor que no ostenta ni su cultura ni su conocimiento y que desde hace algunos años reside en Montreal, entre nosotros, teniendo como Norte: su calidad humana y su compromiso social, una vida de profunda entrega, de puertas abiertas, no sólo al quehacer literario, sino a la locura de construir un sueño para los demás…

Y abiertas así las páginas de su libro con su ramazón de venas y nervios de par en par, nos encontramos ante una prosa y una poesía vigorosa y terrenal, desgarradora a veces. Surgida del fecundo vivir de alguien que lleva un sueño compartido dentro del corazón; con bisturí de cirujano va extrayendo de la penumbra de los recuerdos hacia la superficie, aquellas páginas más importantes de su vida, y en una recopilación de crónica y de poesía espontánea, va descubriendo sus propios sentimientos: “Soy prisionero del presente” nos repite a cada instante y, como tal, “vivo la ilusión de ser libre en otros tiempos… Mi ocupación es el presente; vivirlo con los dientes aferrados al hueso…

Labor tan difícil. Gran osadía la suya. ¡Qué heroica paciencia, como en el Fausto de Goethe! Volver hacia atrás bordeando sus propios abismos e involuntarios engaños, para poder llegar y pronunciar con autoridad: “Vidi cor meum” ha conocido mi propio corazón.

En suma, Tito Alvarado es un poeta que se alza al encuentro del arte para transmitir su verdad, “un citoyen du monde“, viajero incansable de fantásticas aventuras que, de acuerdo a los latidos de su corazón, va tirando semillas por todas partes, así cruzó la cordillera de los Andes, salvando por un pelo el pellejo, dejando atrás la jauría de Pinochet y su mejor sueño en tierra de mapuches. “me enfrenté sólo armado de mis verdades a quienes tenían miedo… odiando amorosamente a ese país, puteándolo con cariño, porque allí hubo gente hermosa que lo dio todo… ” pero convencido de que sin él no tendría soplo divino su vida para caminar y hablar por si mismo; así ha recorrido el mundo sostenido en sus afanes, como ave de paso con sus cuadernos bajo el brazo, descubriendo lo nuevo y viendo con nuevos ojos lo viejo pero, con la osadía de reestudiar la historia que nos ha tocado hacer, ya que, allí pueden estar muchas claves para inaugurarnos como pueblo unido.

En ese sentido, para nosotros, en este mundo de deshumanización del arte en que vivimos, bajo la égida de la globalización neo-liberal, el escritor como el poeta en su encuentro con el arte, debe sintetizar la conciencia de su tiempo, como decía Pablo Neruda, “el poeta debe transmitir esa verdad, es decir, debe afirmar lo básico y esencial de la poesía: captar la realidad social y tener la obligación de transmitirla; no callarla…

Y así, ocasionalmente, después de varios intentos, metros, autobuses y telefonazos, desde la presentación de su último libro y después de larga ausencia de mi parte de Montreal, surge este encuentro con Tito Alvarado, allá en Proyecto Sur, como se dice al pie de su cureña, donde nos recibe con su proverbial benevolencia.

A.F.M. Háblenos de sus libros y de sus sueños aquí en Québec.

T.A. Ya van catorce; entre libros de poesía, ensayo y ahora este libro de textos varios. En ellos hay lo que me dicta mi conciencia: en Poema de Santiago hablo de una ciudad que pudo ser y no fue, la traicionaron; en La luz y la palabra hago un homenaje a los detenidos desaparecidos; en Tesis de emergencia planteo una aproximación nueva para enfrentar la tarea de transformar el mundo. Ahora estoy trabajando una serie de cuentos. Sobre mis sueños en Québec, uno doble: abrir un espacio para expresar lo nuestro, conquistar un espacio político que nos permita apoyar lo que hacen las comunidades latinoamericanas.

A.F.M. Hasta el momento nuestra comunidad ha vivido frustrada entre el “ser o no ser”, ¿cómo cree Ud. que podamos dar respuesta a nuestras necesidades en Québec?

T.A. La clave es la unidad, lo triste del asunto es como lograrla, a mi juicio alguien tendrá que adelantarse con hechos concretos. El movimiento se demuestra andando. Un local para la expresión de lo nuestro, una caja de ahorro y préstamo, una escuela en español, un premio a la excelencia, por ese camino vamos.

La lumière et la parole

Saint-John Kauss

La lumière et la parole“, avant d’être un recueil de poèmes, est une anthologie bilingue et latino-américaine remplie de souvenirs d’amis et de morts disparus évoquant l’époque de la dictature pinochetiste et ses bêtises habituelles. Certes, dans une écriture d’évocation bâtie à partir d’images, tantôt vraies, tantôt imaginaires, on y retrouve la gamme d’une sensualité visuelle propre aux écrivains latino-américains. Mais
chacun des textes que l’on confond tous ici représente un cri pour “La lumière et la parole” qui fait encore partie de l’état des choses à conquérir dans cette fraction du continent. Le poème, avant et depuis surtout Pablo Neruda, est un moyen, une façon de dévoiler l’essentiel et le non-essentiel de l’existence humaine. Et les chiliens, ce peuple d’écrivains forts et généreux, ces héritiers de Vicente Huidobro, de Gabriela Mistral, et de Pablo de Rocka, se sont toujours noyés dans la passion brûlante de l’écriture. Qu’il s’agisse d’un ouvrier du quartier ou d’un écolier rebelle, l’héroïsme latino-américain n’a pas de prix. Et leur littérature, au gré des revendications spontanées et salutaires, fait toujours bon ménage avec de grands ouvrages d’où jaillissent l’agressivité des mots, l’amour des hommes et la beauté des thèmes.

Les auteurs figurés dans cette anthologie, nés tous au Chili, accusateurs publics et partisans de “La lumière et la parole“, représentent une race d’hommes qui n’est pas prête à disparaître. Ce livre, qui n’est déjà qu’un souvenir, est avant tout un leitmotiv contre la brutalité étatique et également un hommage d’appui à la fraternité humaine.

Fines y Principios

Somos prisioneros de las palabras, prisioneros del tiempo que nos toca vivir, prisioneros de la cultura que nos forma, prisioneros de la ley del menor esfuerzo, de no darnos cuenta, de creer en quienes nos aprisionan, de no sentir los dolores ajenos, de mirar sin ver la realidad, de creer que controlamos lo incontrolable, de creernos superiores, de generar mitos y sin embargo, en este desierto de muchedumbres hay quienes hacen posible la primavera, hay quienes creen en el hombre, hay quienes luchan sin medir los sacrificios, hay quienes ayudan sin pasar la cuenta y por lo mismo hay esperanza.
Fines, principios son palabras de doble significado: fines nos habla de objetivos que se persiguen con afán y de cuestiones que se terminan; principios nos remite a valores que delimitan la actuación de alguien y a comienzos de una época, acontecimiento, proceso u objeto.

El año 2000 fue señalado por los diseñadores de mercado, de gustos, de modas, de usos y abusos como el comienzo del nuevo milenio. Los porfiados hechos, las cifras en uso, demuestran que nada comienza en cero, entonces tenemos que aunque nadie lo espere, aunque nadie lo celebre o señale como un hecho relevante, el 31 de enero a las 24 horas o doce de la noche, termina el segundo milenio del calendario gregoriano, de la contabilidad cristiana del suceder del tiempo.

En su afán hegemónico, ciertos centros de poder de la mal llamada civilización occidental y cristiana nos hacen creer que el mundo entero celebra una fecha que en realidad tiene valor para poco menos del 20% de la humanidad. Conviene recordar que el resto de la humanidad esta dividida en un porcentaje que es musulmán, judío, budista, hinduista, cientifista y otras religiones y culturas que no se basan en los fundamentos cristianos y que también tienen su propio método para medir el viaje de la tierra por el universo infinito.

Nosotros, los del sur, prisioneros de la cultura dominante, no podemos dejar de notar que el último segundo del 31 de diciembre del año 2000, tal como lo señalara muy bien Héctor Torres, no solo separa un día de otro, un año de otro sino que además separa un siglo de otro, un milenio de otro. El Tercer milenio de la medición cristiana del tiempo comienza con el primer segundo del primero de enero del 2001 y la pregunta del millón, por tratarse de un paso tan grande en un lapso tan pequeño, es si este principio ha de traer un cambio en la conducta de la humanidad. Sucede que somos entes transformadores de realidades externas en cuasi-realidades internas o lo que viene a ser lo mismo; interpretamos la realidad de acuerdo a nuestra particular manera de ver, en este sentido se constata la imperiosa necesidad de cambios profundos en todo orden de cosas, esta necesidad la transforma la subjetividad de muchos en un cambio que ha de producirse a partir del tercer milenio. Soy de los que no creen en cambios a la voluntad del viento, en cambios por arte de magia, que ya ni magos hay.

Bien pudiéramos resumir este andar de la humanidad en ciertos hechos esenciales: la capacidad de almacenar y procesar información se ha duplicado en estos últimos 25 años; las desigualdades económico-sociales siguen aumentando: cada vez son menos los ricos, con más riqueza y mucho más los pobres, con mayor pobreza; la ciencia y la tecnología avanzan como nunca se imaginó, pero de nada sirven para solucionar; hambre, paz, vivienda, salud, educación, controlar inundaciones, sequías, generar empleo para todos, etc. Y peor aún, hay problemas que amenazan seriamente la vida en el planeta: tala indiscriminada, aumento de la contaminación, perdida de la capa de ozono, cambios climáticos devastadores, erosión de suelos y avance de los desiertos. Junto a estos peligros tangibles tenemos los intangibles, pero no menos terribles: la perdida de identidad, la total falta de valores, la esclavitud de vivir totalmente ocupados con la sobrevivencia diaria, la desculturización progresiva, el individualismo como negación de la convivencia social, la renuncia al ejercicio de pensar, etc. Detrás de estos problemas está el sistema imperante. Ese humanismo capitalista, de libre mercado o neoliberalismo tan poco humano, de medir todo por la ganancia inmediata, sin importarles los resultados de mañana. Esto es lo que debe cambiar.

Este comienzo de milenio tiene problemas solucionables, sólo que al sistema, a los que se benefician no les convienen esas soluciones y para mantener sus privilegios cuentan con el control de las ideas puestas en circulación. Ellos ejercen el control de la sociedad por medios políticos, legales, económicos, militares e ideológicos. Nosotros, los de abajo, sólo podemos oponerles nuestra férrea voluntad de cambio.

Dice un proverbio chino que todo viaje largo comienza con un pequeño paso, este pequeño paso del largo viaje del cambio, tan necesario como posible, comienza en cada uno de nosotros. Veamos el cambio no como algo a esperar que se produzca sino a producir con nuestras acciones y pensamientos. Asumamos el principio de que la realidad es el resultado de la actuación de todos y cada uno. El actual orden de cosas es posible gracias a que hemos sido convertidos en meros espectadores, cambiemos esta triste realidad y asumamos el papel de actores, copemos la escena con una acción concreta, una actitud distinta, un pensamiento nuevo, una razón de vida. Este largo viaje comienza con incorporar a nuestra forma de vida esa acción, esa actitud, ese pensamiento, esa razón.

Qué este principio de milenio nos haga reflexionar en el tiempo vil vivido en vano, en las consecuencias de nuestros actos pasados, en lo que proyectamos hacia los demás, que esta reflexión nos permita ver el estado deplorable de las relaciones humanas y nos sirva para entendernos como hermanos compartiendo un espacio, como seres sociales cuyas necesidades y actos para su concreción requieren la participación de otros seres sociales. Qué este milenio sea el fin de los falsos valores del individualismo mercantilista y con actos absolutamente nuevos inauguremos el comienzo de la verdadera historia humana: actos de amor, actos de creación en beneficio del género todo.

El tercer mileno comienza con el cara o sello de la cumbre o el abismo, que sea como un sueño hecho realidad o que sea una lamentable pesadilla, depende única y exclusivamente de la concatenación de nuestros actos. La humanización de la naturaleza, la naturalización del hombre es la meta. Si para muchos la vida es un infierno, lejos de la actitud pasiva del lamento, veamos allí el desafío para construir el cielo en la tierra.

Ccanllama Allinlla

Janet, una gentil compañera de Ayacucho, me envía una postal de saludo por Navidad. La postal tenía unos dibujos representando renos parados como seres humanos, estaban en escala sobre un techo, en la cima el viejo pascuero, al ritmo de una canción de navidad los renos taconeaban (pazuñeaban) en su escalón. Era simpática, pero era ajena, en esta época en el sur del planeta hay calor, quienes hayan visto nieve la ven en invierno y/o en las montañas.

Las palabras finales eran CCANLLAMA ALLINLLA, que supongo será una forma de saludo, despedida en ocasiones como estas, pero de ninguna manera será Feliz Navidad, pues antes de que a los usuarios de ese idioma les llegara la noticia de un niño tan portentoso, ellos tenían sus dioses, tan o más portentosos, como el sol, que brillará todavía unos cinco mil millones de años, como la madre tierra que nos da casi todo.

Este gesto de cariño, lo contradictorio de la tarjeta y la frase final me hacen pensar en lo posible de lo imposible. Antes permítanme decir algunas palabras sobre el intrincado tramado cultural que nos forma y deforma: pertenecemos a una cultura que no es pura y está en permanente mutación, reafirmación y cambio. Algo de nuestros valores dice relación con una cultura, otra parte pertenece a una cultura distinta, muchas veces también distante, con valores que nos alejan de nuestro entorno o nos deforman o se presentan como valores, cuando en realidad son mecanismos que responden a manipulaciones del poder, para gobernarnos a su mejor conveniencia.

Bueno me saltaré otras elucubraciones para ir a la papa. Decimos Feliz Navidad quizá depositando en esas palabras un deseo de que algo nuevo ocurra, quizá lo decimos para demostrar que somos buenos o para prolongar en el otro algo de nuestra dicha, también puede ser que operen en esta frase los mecanismos que nos hacen distorsionar la realidad. Si miro las cifras siempre veo los seres humanos que las sufren, En América latina el cincuenta por ciento de los seres humanos vive en condiciones de pobreza: ninguna película con personajes de buena voluntad, ninguna religión, ninguna secta, ninguna seudo filosofía, ningún Dios los sacará de su pobreza, solamente hay dos caminos, uno es individual y quien lo emprende debe estar dispuesto a pisotear a todo el que se ponga por delante, el otro es colectivo sin dejar de ser individuo. Pero tampoco es de esto que quiero hablar.

Trato de entender que significa en la sierra peruana CCANLLAMA ALLINLLA. Propongo como interpretación, más bien un deseo que una realidad. La palabras son un puente, vienen de alguien que necesita comunicar algo, ese algo puede ser una necesidad propio, espiritual o material o también puede ser una necesidad ajena, es decir entregar una respuesta. Janet está en Ayacucho, yo estoy a muchas, pero muchas lunas de camino de ella, y por estas magias del modernismo, puedo estar al lado suyo, y por esas magias de la comunión humana, estoy en ella todo el tiempo que ella logre recordar algo de mí. Entonces tenemos a una compañera que comunica su sentir a un recuerdo. Con esto quiero ilustrar mi propuesta. Poco importa lo que de verdad esas palabras significan para ella, lo que vale es lo que significan para mi, pues a mi se dirigen, solo que al pensar en quien las dice las interpreto de una manera y en este caso concreto pueden decir: un abrazo desde el cielo, una luz en la montaña, mi corazón te recuerda y también puede decir: creo en ti compañero, viendo el mundo y sintiendo los tambores batir a guerra, con la parafernalia de los medios de incomunicación masivos, entenderé este saludo como: la paz la construimos juntos, por la vida doy mi vida, si tomo en cuenta el pasado de esos pueblos andinos puedo interpretar esas palabras como: ya esperé lo suficiente, ahora es el tiempo de andar. Lo que en mapuche equivaldría a decir: hermanos llegó la hora, o en las lenguas de Chiapas podría ser: todo tiembla cuando la paciencia se agota, en el español de Venezuela será un grito de basta: bolivarianos al poder, ¿qué puede ser en este Brasil, que mañana estrena nuevo gobierno, o en Ecuador, que también ha dado un paso hacia la mayoría? En Argentina tenemos el: que se vayan todos, pero ya es hora que deje de ser un deseo y sea una realidad, realidad que solamente será posible si a esa frase le agregan un: no al pago de la deuda externa

Como vemos CCANLLAMA ALLINLLA significa muchas cosas, que en realidad son una no el deseo de la cultura que nos deforma, sino el deseo de la cultura que nos forma y nos hace dar de lo nuestro, lo mejor: Hermanos es la hora de abrir los ojos y actuar.

Janet, Gracias por permitirme pensar, lo que ya es un desafío al imperio.

El imperio de la corrupción

A propósito de corrupción el Diccionario de uso del Español nos remite a corromper y allí nos da 6 acepciones, de ellas solamente copiaremos las cuatro primeras que me parecen ilustrativas del tema; 1 Alterar, descomponer: cambiar la naturaleza de una cosa volviéndola mala. 2 (popular o familiar) Heder. Echar un mal olor. 3 Pervertir. Hacer moralmente malas a las personas o las cosas o estropear cosas no materiales. 4 Quebrantar la moral de la administración pública o de los funcionarios. En especial, hacer con dádivas que un juez o un empleado obren en cierto sentido que no es el debido.

En estos días hemos asistido al espectáculo, que puede ser un costoso destape de olla, de ver como cinco honorables diputados dejan de serlo, pues sus nombres han salido a la luz como personas comprometidas en algo que se le llama corrupción. Entiendo que si la Corte Suprema ha dado curso al desafuero, es por la sencilla razón de que hay suficientes pruebas que lo ameritan.

1 Alterar, descomponer
Remitiéndonos al primero de estos cuatro significados estaremos de acuerdo que en todo orden de cosas hay un proceso que es aceptado socialmente como normal. Cuando esta normalidad se altera, estamos ante un caso de corrupción. El asunto sería sencillo, pero si vemos más en profundidad: alterar, descomponer es el resultado de haber cambiado la naturaleza de una cosa y para que esto ocurra hubo antes una reacción química que lo posibilitó. Tratándose de seres humanos que han alterado su discurso, que han descompuesto su conducta, lo que dio inicio a esa alteración o descomposición es un proceso mental.

Antes del hecho consumado de la corrupción, el honorable diputado dejó de ser honorable, ahora deja de ser diputado de la república y pasa a ser reputado… de corrupto.
Si se tratara de alguien que pone en juego su honor por unos varios millones de dólares, que le permitan vivir en holgura, aunque no en honor, podría ser aceptado como un negocio de unos señores, que durante un buen tiempo se presentaron como algo que no eran y resultaron ser unos vivos. Lo triste es que se trata de unos pocos pesos a cambio de favores recibidos. En el decir de antaño: unas cuatro chauchas, unos treinta denarios, que en realidad no salvan a nadie. En este caso tenemos a todos unos señores corruptos, que al venderse por tan poco han resultado unos ineptos hasta para corromperse.

Y como nada se surge de la nada, tendremos que ver más atrás y concluir que hay una corrupción mayor y es la del discurso y peor aún la de encuadrar a la gente (al electorado) en una falsa opción entre los aspirantes a corruptos de hecho y los que son con todas sus letras, pero no son tan obtusos como para que los sorprendan de la noche a la mañana, ¿no es cierto mi general?

 

2 Heder, echar mal olor
Ya sabemos que esto dice relación con la capacidad olfativa. No todos tenemos desarrollado de igual manera el sentido del olfato, lo cual significa que unos podrán sentir un mal olor cuando otros no lo sienten. En todo caso algo me dice que la definición que nos ocupa da por contado que todos percibimos el mal olor. En el triste caso que nos ocupa es por todos sentido (figurativamente hablando) el mal olor. Si Antes el Señor del teatro dijo que algo olía ha podrido en Dinamarca, pues me atrevo a decir que algo huele ha podrido en Chile.

Si fueran unas cuantas papas, unos cuantos huevos podridos, que son cosas bastante fuertes cuando se pudren, simplemente lo podrido se tira a la basura, se lava el sitio afectado y ya. Tratándose de que la confianza ha sido traicionada y que las expectativas de la gente que confiaba en ellos se viene al piso; tratándose de cinco personas tenidas ayer por honorables, es indudable que el olor a podrido no sale con agua, jabón, colonia ni perfume, pues es un olor que persiste en la conciencia.

También debemos entender que este olor específico, que bien podríamos catalogar de olor social, es la punta del iceberg. No se corrompen cinco personas de la noche a la mañana, es un proceso de invitaciones con gastos pagados, de rodear al “amigo”, de desatar las fantasías, de momentos agradables con personas del sexo de su preferencia y otros etcétera. Todo de una manera sutil, hasta que se plantea el asunto como una compensación a los desvelos por determinados trámites. En este caso nos encontramos ante un tramado ideológico que posibilita la corrupción. Lo triste es que, es culpable el que es descubierto. De ser este el caso indudablemente estamos ante un olor que persistirá por muchos años más y se borra únicamente con una gran cuota de olvido, con nuevos escándalos o con un cambio radical. Situación esta última muy remota de ocurrir en un país que no ha sido capaz de juzgar a tanto criminal.


3 Pervertir, hacer moralmente malas a…
En este punto nos enfrentamos a lo que entendemos por moral y creemos injustificadamente que todo lo moral es bueno, cuando en realidad lo moral es lo aceptado socialmente. Resulta que lo que ha sido calificado y hasta cierto punto aceptado como inmoral en épocas pasadas, hoy puede ser aceptado como moral, vamos unos cuantos ejemplos: el voto de la mujer, la minifalda, el pelo largo en los hombres, las preferencias sexuales por el mismo sexo, etc.

En cuanto a pervertir, también tiene una carga semántica negativa. En este caso que tratamos de dilucidar, bien pudiéramos decir que en todo acto de corrupción con seguridad hay un ingrediente sexual. Lo más probable es que el corruptor, en este caso quien ha recibido los beneficios de las decisiones, las influencias de los cinco ex diputados bien pudo recurrir a tentaciones sexuales en la forma y dosis adecuadas, solamente para ir midiendo el terreno.

Otra posibilidad es haber estado bien informado, lo cual significaría que el problema es mucho mayor, pues, si aceptamos que el hábito el que hace el órgano, debemos concordar en que es la necesidad de hacer aprobar leyes favorables a ciertos negocios, la que crea la corrupción; del mismo modo que debemos aceptar que de haber una agencia que dé información sobre hábitos, preferencias, pasatiempos y otras sutilezas que permitan abordar con éxito a un honorable para que este acepte como moral algo que la sociedad no acepta, en suma para que este hipotético honorable diputado acepte trabajar para dos patrones, de existir una tal agencia estamos en un proceso de franca debacle moral.

Las instituciones dejan de ser confiables y se hace necesario introducir cambios profundos, cambios que distan mucho de estar en la voluntad y visión de las actuales autoridades, cuestión que por un lado pone en entredicho la moral que les anima y por otro demuestra la profundidad de la crisis de valores.

4 Quebrantar la moral
Con esta acepción estamos viendo claramente que se quebranta la moral cuando hay un proceso que lo incuba y cuando hay receptores propensos a acertar un quiebre en su moral. Ya puedo ver a estos señores de que hablamos ante uno de esos, que todavía andan sueltos por las calles, los mismos que hace más de treinta años eran señores normales, pero que poco tiempo después trabajaron para los no menos honorables de la época de la dictadura, en el poco honorable oficio de torturador. ¿Qué podemos decir de aquellas personas, que sufrieron las más terribles torturas y siguieron con su moral en pie? ¿Qué podemos decir ante representantes, que por unos cuantos dólares más quebrantan su moral?

Si la historia tiene algo que enseñarnos es que muchas veces los tenidos por “grandes hombres” no lo son a la hora de la verdad y aquellos “simples hombres” se muestran como seres superiores. ¿Qué hace a unos y otros ser como fueron en la hora justa de sus vidas? Unos tenían ideales, principios que los hermanaban a cientos de miles de otros seres humanos, desafortunadamente hoy tenemos que los otros no tienen ideales, principios ni están hermanados a cientos de miles de seres humanos.

Estamos ante un fin de mundo y en este caso, bastante más que algo huele a podrido.

De sublimes y canallas

¿Qué es mejor? ¿La grandeza o la felicidad? La verdadera patria del hombre es su infancia. Cruzando esa frontera ya se es para siempre sublime o canalla.
De: Garabombo, El Invisible, Manuel Scorza

Nos dice un comunicado de los Montoneros: ¡Los militares argentinos son más peligrosos para sus compatriotas que para el enemigo!” Y esta es una verdad que bien puede valer para casi todos los países de América. Verdad que nos conduce a otras tantas: ¿a quién defienden estos terroristas? ¿No es esto una corrupción del discurso? ¿Es nacional lo nacional? ¿De dónde vienen nuestros males? ¿Y nuestros intelectuales para quiénes son un peligro? Ya podremos hablar de esto, ahora remitámonos a lo de sublimes y canallas.

El Domingo 12 de enero del 2003, a las 4 de la madrugada en el Hospital Militar Central de Buenos Aires, murió un militar, tuvo el increíble privilegio de ser un oscuro tipo que a veces vestía de blanco, se emborrachaba más de lo recomendable y su mayor talento fue la represión a los suyos y la derrota ante los de fuera. Por esas tramas de novela que edulcoran la realidad, fue presidente de facto de una Argentina apabullada por el terror. Terminó su miserable vida como teniente general (R), se trata del etílico militar, que respondía al infortunado nombre de: Leopoldo Fortunato Galtieri, reconocido como un canalla.. Este señor canalla tiene a su haber el prontuario de:
* Ser uno de los 613 oficiales del ejército argentino -hasta la vuelta de la democracia en 1983- que estudió en la Escuela de las Américas, academia regentada por Washington para asegurar el control estadounidense de América latina por medio de militares a su servicio. Entiendo que egresó en 1949, en pleno gobierno peronista.
* Haber creado en Rosario, en “la Quinta de Funes”, un centro de detención clandestina.
* Ser el responsable directo de 169 detenciones ilegales, seguidas de torturas y muertes.
* No haber respondido por estos hechos. Un botón de muestra: en 1978 el Tte Cnel Rodolfo Riege (blanca paloma que en 1991 ejerció de secretario de seguridad en la provincia de Santa Fe) y el agente de inteligencia Eduardo Constanzo arrojaron a la Bahía de San Borombon 16 cadáveres que habían sido fusilados en “la Quinta de Funes” (declaraciones de Constanzo al diario pagina 12, cuarta semana, junio de 1992).
* Ser reconocido por la CIA, como: “un militar sin talento, un estratega de opereta, un hedonista con almuerzos de seis martinis y tardes de veinte whiskis. La megalomanía, la improvisación y la soberbia estaban, también, entre sus favoritas”.
* Haber ordenado la represión a un paro de la CGT el 30 de marzo de 1982 la CGT, con un saldo de: 1.200 detenidos y un muerto.
* Ser el responsable del descalabro de Las Malvinas, desató una guerra para salvar la dictadura militar, causó la muerte de 1.063 jóvenes: 662 fueron asesinados en las escaramuzas guerreras y 401 murieron en Argentina -según datos de la Federación de Veteranos de Guerra- víctimas de suicidios y secuelas de la guerra.

Como broche de oro, este incapacitado estratega, tenía un respetable sueldo y gozaba de comodidades envidiables. “La justicia” no lo condenó por sus crímenes durante la dictadura de 1976. Una Comisión militar, depositando en él todo el peso de la derrota por al aventura de Las Malvinas, emitió un juicio en su contra de “degradación y fusilamiento”, sin embargo “el sentimiento patriota de algún buen soldado”, cambió este fallo por doce años de prisión en su casa, de los que cumplió seis gracias al indulto de Menem, otro buen patriota del norte.
Con seguridad es el pago que se dan entre ellos, estos héroes al servicio de una patria que no es la patria de las mayorías. Este es el sueldo cambalache, que se entregan a si mismos los grandes hombres que no sirven para nada. Mi dignidad de poeta me dice: no me gusta el Wisky, nunca vestiré de blanco y prefiero mil veces morirme de hambre a esos sueldos de fábula por oficio tan poca cosa.


Vallejo murió en París, pobre; García Lorca murió en Granada asesinado por la guardia civil; Roque Dalton murió fusilado por sus propios “compañeros”, ahora casi todos neoliberales, ¿no es cierto Villalobos?; Neruda , Rubio muertos en Santiago, el primero sin atención, el segundo de horror. Y tantos otros que desde cada verso nos acompañaron con su canto y nos dejaron su muerte como un legado de dignidad..
¿Qué puede haber en común entre estos muertos sublimes: tan dignos y tan actuales a pesar del tiempo transcurrido y el reciente, pero ya lejano, abrazo de la muerte de este señor que solamente era un canalla?

Voy a los poemas de estos que eligieron ser sublimes y emocionado me siento hermano de otro ser humano. Voy a la obra de estos que eligieron ser canallas y horrorizado me niego a ser cómplice de su falta de humanidad. Lo uno y lo otro me obliga a no evadirme en las alturas y mirar de frente los ojos fríos de la muerte. Mientras haya sublimes, habrá poetas y con ellos una posibilidad de esperanza; mientras haya canallas, habrá militares y con ellos un paso hacia la negación humana.

Al ver los actos en la vida de los sublimes, al ver los actos en la vida de los canallas se abren mundos de distancias y perplejidades. Distancias en cada uno de los actos: en los sublimes se ve, se siente, se palpita el amor a la vida, a la humanidad; en los canallas se constata, se atraganta un agrio rencor a la vida, un deslumbramiento por su efímero poder, sin conciencia de sus actos. Por sus actos unos tendrán el galardón del afecto, en cambio los otros solamente merecen el desprecio. Perplejidades ante los porfiados hechos: todo lo que está en el aire, cae; los cerdos nunca volarán, los olmos no dan peras y sin embargo no queremos ver que más vale un sublime que un canalla. A los sublimes nadie les paga y producen belleza en el ser humano, en cambio a los canallas se les viste, se les alimenta, se les paga y no producen nada que no sea escalofríos por lo que cuestan y hacen cuando tienen poder. Es que unos aman sin pedir, otros piden sin amar.

Su hubiera ejércitos de poetas, el mundo sería otro. No faltará el renacuajo fatalista, que regocijado por un descubrimiento filosófico, dirá que si no hubiera muerto su abuela, todavía estaría viva. Con lo cual creerá invalidar mi argumento principal, sin haberlo escuchado. Nada hay de común entre un poeta y un militar: salvo que unos le dan alas a su pueblo y los otros se las quitan; a unos los mueve el amor, a los otros el odio; unos son los parias sin otro reconocimiento que la emoción de un posible lector; los otros van a los banquetes y los acompaña el séquito de la faramalla y el temor; unos los perseguidos por la suerte, otros los que están en el justo lugar para su propio provecho; unos los buenos para algo, menospreciados en vida y recordados en muerte; otros buenos para nada, alabados en vida y despreciados en muerte. Con gente sublime, con gente de amor, con poetas en el poder, fluiría la vida, pues en sus actos fluiría el amor. Todo lo que el mundo necesita es amor y los poetas saben de amor y saben darlo.

Ya es hora de los hornos y de la libertad, y los hornos no puede ser otra cosa que la capacidad de quemar los inservibles abalorios, la libertad no puede ser sino la capacidad de ser sublimes. ¡Poetas al poder! ¡Militares a la escoba!

 

Que la guerra no nos sea indiferente

Queridas compañeras, queridos compañeros,
Caras amigas, caros amigos,
Hermanas, hermanos.

Quisiera no escribir esta carta, pero a veces la angustia me apura el paso. Quisiera otro mundo con tiempos para adorar la madrugada y tiempos para extasiarme en un ocaso, con tiempos para admirar un trigal, seguir con los ojos una bandada de pájaros, entretenerme en la conversación con un amigo mientras baja el contenido de una botella de cerveza, salir a caminar por al gusto de admirar la gente que pasa en sus ocupaciones de gente bien.

Pero los sustitutos de Dios han decidido otra cosa. Y mi sensibilidad de poeta me impide quedarme callado, mirar para otro lado o creer que yo no puedo hacer nada. Bueno es recordar que en el principio Dios estaba solo hasta que en un tris de no espacio, no tiempo, decide crear el mundo (por supuesto digo esto siguiendo la Biblia) y los primeros seres humanos se entendían directamente con él. Alguien dijo no, otro dijo no y, razones más, razones menos, fueron expulsados del paraíso. En los apuros de la sobrevivencia los pocos creados se transformaron en varios cientos de miles un muchos puntos de la tierra. Ya Dios no se entendía directamente con los hombres, lo hacía por intermedio de un jefe, que siguiendo sus instrucciones guiaba al pueblo elegido hacia la tierra prometida, hasta que alguien dijo no y muchos dijeron no. En otra época los jefes deciden llamarse reyes y Dios parece alejarse de las luminarias, estos reyes y papas y dictadores deciden que sus actos son hechos por orden y gracia de Dios, hasta que alguien dice no y muchos miles dicen no.

Si seguimos el hilo, primero la comunicación era directa y Dios estaba presente en los actos humanos, luego la comunicación es por interpósitas personas y Dios ya no estaba tan al alcance de los hombres, más tarde parece alejarse bastante y aparecen quienes actúan en su nombre.

Lo terrible viene ahora, Dios parece ya no estar al alcance de nuestros ruegos y aparecen los sustitutos de Dios. Para reconocerlos que mejor que ver algunos de los atributos de Dios: estar presente en todo lugar, ser infalible, ser todo poderoso, pedir la adoración absoluta, ser enigmático, no dar explicaciones y otros que no quiero mencionar. Los nuevos Dioses del imperio, los sustitutos de Dios, están en todo lugar: los vemos construyendo bases en Tierra del fuego, Argentina; arrasando campos de coca en Bolivia; asesorando asesinos en Colombia, monitoreando la región desde una base en Manta, Ecuador; practicando con sus bombas en la isla de Vieques, Puerto Rico, etc. Aunque una nave espacial les explote, aunque el informe de Colin Powell sea una burda mentira, son infalibles pues controlan las verdades que se transmiten al mundo. Su poder es tanto que pueden salir a buscar un terrorista, mientras amenazan a otros tres y anuncian una guerra para prevenirse de un posible ataque contra ellos. Si no se está con ellos se está contra ellos, es la nueva manera de pedir adoración absoluta, quizá la verdad sea que hay un solo imperio y a él se le debe adoración, por lo menos así lo demuestran los gobiernitos de Uruguay, México, Colombia, Chile, Argentina y otros lugares. Los sustitutos de Dios dicen tener pruebas irrefutables de la mala intención de los otros, pero al no entregarlas estas pasan a constituir el mayor enigma del presente. No dar explicaciones en esencia es arrogancia, pero también ellos saben que el miedo arrodilla muchos gobiernos y ante la indignidad de los arrodillados, no tienen necesidad alguna de dar explicaciones.

Los sustitutos de Dios se han tomado enserio su papel y ahora nos amenazan a todos con una nueva guerra, y ya preparan los escenarios para la próxima. Aunque se nos diga que es una guerra preventiva contra Irak, la verdad es que es una guerra contra toda la humanidad, pues las consecuencias de esa guerra las sufriremos todos. Lo pero puede ser que luego venga otra y otra.

Nuestra única salvación somos nosotros mismos. Movilizarnos con la premura de actuar y vivir para y por la paz. Que la guerra no nos sea indiferente, esta es la más importante premisa de la hora presente. Veamos entonces que los actos de cada uno de nuestros gobiernos inciden en nuestras vidas, veamos que las decisiones tomadas en la Casa Blanca, en el Pentágono, en las oficinas de FMI, la OMC o el Banco mundial nos afectan hasta el modo de caminar, nos contaminan la conversación, nos pervierten el amor, nos privan de la agradable ociosidad creativa de contemplar lo que nos sea grato.

Seamos hermanos en el sentimiento de Paz, seamos hermanos en la acción. Que la guerra no nos sea indiferente no puede tener otra significación que no sea actuar a favor de la Paz. Propongo que cada cual se situé en lo que más quiere y desde allí entregue su aporte a la Paz. Propongo que manifestemos nuestro repudio a la guerra declarándolo públicamente, llevando un distintivo blanco, no consumiendo los productos de EEUU, participando en la manifestación mundial contra la guerra. Propongo que concertemos con otras organizaciones y en cada lugar donde sea posible una jornada cultural por la Paz, recurramos a la imaginación para dar vida y forma diversa a esta iniciativa: un Festival por la Paz al aire libre, una maratón Cultural, pintar murales colectivos, etc, etc. Propongo que todos propongan una acción concreta.

¡Paz a la Paz, guerra total a la guerra, odio al odio y amor a la vida!

Tito Alvarado

En Montreal un 11 de febrero, 2003